Hafez Ibrahim, Yemen

zoom Hafez Ibrahim en Saná, Yemen, marzo de 2010.

A punto de ser ejecutado en Yemen, Hafez Ibrahim envió un SMS a un investigador de Amnistía Internacional en Reino Unido. Fue un mensaje que le salvaría la vida. 

  • El SMS pone en marcha una campaña para detener la ejecución de un joven en Yemen.
  • Hafez Ibrahim es indultado y queda en libertad.
  • “Dedicaré mi vida a luchar contra la pena de muerte.”

Con 16 años, Hafez Ibrahim asistió a una boda en su localidad natal de Taizz. Todo el mundo estaba muy animado, y la mayoría de los hombres iban armados. En un momento dado, las celebraciones degeneraron, estalló una pelea, un arma se disparó y alguien murió.

“Van a ejecutarnos.”

Un desconcertado Hafez fue más tarde condenado a muerte por el homicidio. No se le permitió apelar. A mediados de octubre de 2007 consiguió hacerse con un teléfono móvil en la Prisión Central de Taizz y envió un mensaje desesperado a Lamri Chirouf, investigador de Amnistía Internacional que, desde su sede en Reino Unido, trabaja sobre Yemen. El texto decía: “Hermano Lamri, van a ejecutarnos. Por favor, ponte en contacto”.

“La noticia nos dejó anonadados y de inmediato enviamos llamamientos al presidente y las autoridades yemeníes –explicó Lamri–. También movilizamos a nuestra membresía emitiendo una Acción Urgente en favor de Hafez.”

Se suspende la ejecución

El presidente respondió ordenando la suspensión de la ejecución para que hubiera tiempo de obtener el indulto de la familia de la víctima. El indulto no se produjo, y la ejecución se fijó entonces para el 8 de agosto de 2007. Amnistía Internacional volvió a enviar llamamientos al presidente, que ordenó una nueva suspensión de la ejecución por tres días. La familia de la víctima accedió entonces a aplazar la ejecución hasta después del mes sagrado de ramadán. El 30 de octubre de 2007, tras acceder la familia de la víctima a indultarlo a cambio de una diya (indemnización), Hafez fue puesto en libertad.

Hafez estudia ahora tercer curso de derecho en la Universidad de Saná. En marzo de 2010, tras una emotiva reunión con Lamri en Yemen, describió su determinación de sacar el máximo provecho de la vida que le fue devuelta.

“Le debo la vida a Amnistía Internacional –dijo–. Ahora dedico esa vida a luchar contra la pena de muerte y a sensibilizar a la gente sobre los derechos humanos.”