Historias que inspiran

Gentes, caras, historias: 50 años defendiendo derechos

A diario, personas valientes y decididas luchan por los derechos humanos y nos enseñan que sí es posible cambiar el mundo. En los 50 años desde que Amnistía Internacional comenzó, han logrado cosas extraordinarias.

Desde artistas como Fela Kuti, que defiende la libertad de expresión, hasta Hafez Ibrahim, que envió desde una celda de una prisión de Yemen un SMS a Amnistía Internacional que le salvó –y cambió– la vida. Estos hombres y mujeres nos cuentan cómo con sus acciones han logrado que las cosas cambien.

Lee, inspírate y participa…

El cineasta y activista Luis Felipe Degregori, de Perú.

Luis Felipe Degregori, de 56 años, es cineasta. Rueda documentales sobre algunos de los sectores más marginados de Perú. Nos cuenta qué significa el activismo para él.

Slava Aidov, URSS

Una postal enviada en 1971 por una pareja inglesa al preso político ruso Slava Aidov inició una correspondencia de 15 años que se ha convertido en un libro y una obra de teatral.

Ratan Gazmere, ex preso de conciencia, 1994.

Ratan Gazmere fue detenido, torturado y encarcelado en 1989 en Bután. Sólo dos letras –“A” e “I”– en la espalda de su esposa iniciaron una campaña que condujo a su liberación y la de centenares más

Fela Kuti en una actuación en París, Francia, 13 de septiembre de 1986.

En las décadas de 1970 y 1980, el músico nigeriano Fela Kuti, conocido en todo el mundo, fue encarcelado por utilizar sus canciones, cargadas de contenido político, para criticar al gobierno militar de Nigeria. Pero la presión ejercida por nuestra membresía en todo el mundo garantizó su liberación.

Hafez Ibrahim en Saná, Yemen, marzo de 2010.

A punto de ser ejecutado en Yemen, Hafez Ibrahim envió un SMS a un investigador de Amnistía Internacional en Reino Unido. Fue un mensaje que le salvaría la vida. 

Helen Ulli Corbett, directora y miembro ejecutivo de la junta directiva

Soy una yamitji-noongar del oeste de Australia. Cuando estaba en la escuela, pasaba las vacaciones trabajando en fábricas de procesado de alimentos, y presenciaba el racismo y el sexismo hacia la mano de obra migrante; también veía qué pocos eran los indígenas australianos que conseguían un empleo seguro allí.