Los pueblos indígenas

zoom Los pueblos indígenas sufren homicidios, desapariciones forzadas y otros abusos Los pueblos indígenas sufren homicidios, desapariciones forzadas y otros abusos © ONIC

El conflicto armado interno en Colombia lleva más de 40 años enfrentando a fuerzas de seguridad y paramilitares con grupos guerrilleros, y afectando a millones de personas en todo el país. La población civil es la más castigada por la violencia, y las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas son las más vulnerables. A pesar de su decidida negativa a verse involucrados en las hostilidades, las amenazas a las que se enfrentan los pueblos indígenas son cada vez mayores.

"Los indígenas sufren cada vez más ataques en Colombia. Se les está matando y amenazando, se les está obligando a participar en el conflicto armado y se les está echando de sus tierras. Ya es hora de que el gobierno colombiano asuma seriamente sus obligaciones y actúe de inmediato para proteger a los pueblos indígenas", señala Marcelo Pollack, investigador de Amnistía Internacional.

Según cálculos de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), más de 1.400 hombres, mujeres, niños y niñas indígenas fueron víctimas de homicidio a causa del conflicto entre 2002 y 2009. Durante este periodo, se registraron, además, más de 4.700 amenazas colectivas contra comunidades indígenas, 90 secuestros y 195 desapariciones forzadas. Según la organización, en 2009 murieron al menos 114 hombres, mujeres, niños y niñas indígenas, y miles fueron desplazados internamente, la mayoría a causa del conflicto. Los responsables de estos abusos raramente son llevados ante la justicia.

Colombia cuenta con uno de los legados indígenas más diversos del mundo, que engloba a una gran diversidad de culturas, idiomas, estructuras sociales y formas de vida. Según el censo de 2005, en Colombia viven casi 1,4 millones de indígenas, lo que representa el 3,4 por ciento de la población. Pero las restricciones a la libertad de circulación impuestas por el conflicto están teniendo un efecto demoledor sobre ellos, que no pueden acceder ni a alimentos ni a medicinas. Se les niega el acceso a la educación y a zonas de caza y pesca, y se ven sometidos a amenazas, hostigamiento, homicidios y desplazamiento forzado, pese a su derecho a no ser sacados de sus tierras ancestrales sin su consentimiento libre, previo e informado. La ausencia de títulos de propiedad, la discriminación y la marginación sólo han servido para agravar su precaria situación.